Tocando tu puerta

Tocando tu puerta
Por Carolina Neira Campos

Hola amigos, el otro día vino a mi mente un versículo muy conocido, pero que ha traído un nuevo significado a mi vida. Quisiera compartir contigo esta reflexión.

 

Se trata de Apocalipsis 3.20 donde Jesús dice: “Yo estoy tocando tu puerta; si oyes mi voz y me abres, entraré a tu casa y cenaré contigo y tú conmigo”. 

 

Veamos algunos detalles:

En primer lugar, 

este verso está inserto en medio de un mensaje dado a una de las iglesias, de hecho a Laodicea. No es un verso para personas que no conocen a Dios, sino para quienes sí lo conocemos. Es decir, Jesús está quedando fuera de nuestra casa e insiste en llamar a la puerta. Pero ¿por qué sucede eso, si se supone que lo conocemos?

 

En segundo lugar, 

Jesús le dice a esa iglesia y nos dice a nosotros también que somos pobres, ciegos y desnudos, haciendo referencia a nuestra condición espiritual, pero que está dispuesto a darnos el oro, colirio y ropas para cambiar nuestra condición. Entonces, ¿por qué no hemos abierto la puerta?

Veamos un poco cada una de estas características:

  • POBRES: Jesús nos ha invitado a venir a beber de sus aguas de manera gratuita, es más, dijo: No teman, manada pequeña, a mi Padre le ha placido darles el Reino, pero seguimos viviendo como pobres. Necesitados y mendigos. Comiendo migajas cuando hay una mesa de banquete servida para nosotros.
  • CIEGOS: Dios dice: Estoy haciendo algo nuevo, ¿acaso no lo ven? Dios siempre está haciendo algo a nuestro favor, pero nos cuesta ver. Tal como el sirviente de Eliseo que miraba y no veía lo que Dios estaba haciendo a su alrededor mientras un ejército avanzaba hacia ellos, Dios tenía preparado un ejército mayor que los libró de la muerte. Jesús dijo que había venido a recuperar la vista de los ciegos (Lucas 4:18), pero no lo dejamos actuar. También dijo que solo naciendo de nuevo podríamos ver el reino de Dios (Juan 3:3) y Pablo recalcó que cuando alguno se vuelve al Señor, el velo de sus ojos es quitado (2 Corintios 3:16). Solo debemos volvernos a Él. Pablo oró para que nuestros ojos puedan ser iluminados y podamos ver la esperanza a la cual fuimos llamados y las riquezas de su herencia para nosotros (Efesios 1:18). Entonces, ¿por qué seguimos viviendo como ciegos?
  • DESNUDOS: Esta desnudez viene de Génesis, cuando Adán y Eva se dan cuenta de que estaban desnudos y por miedo se esconden. Y así vivimos: escondidos y con miedo. Vulnerables ante cualquier ataque, indignos. Necesitamos ser vestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida. Jesús quiere hacerlo. Dios proveyó vestimentas a Adán y Eva, no hojas de higuera, sino pieles de un animal que murió para cubrirlos. ¿Te suena familiar? Jesús fue el cordero que dio su vida para que no vivamos más con nuestra desnudez, sino seamos revestidos con su gracia y poder.

En tercer lugar, 

Jesús entrará a nuestra casa si se dan dos condiciones: que lo escuchemos y abramos la puerta. Esto me conmovió. ¿Por cuánto tiempo Jesús estará tocando mi puerta? ¿Acaso, lo he estado escuchando y no le abro? ¿Por cuánto tiempo me he conformado con solo escucharlo? ¿Seguiré mi vida a mi modo, sin que habite conmigo cada día? ¿Cuántas veces he tomado decisiones sin preguntarle? ¿Me conformo con mantener a Jesús de lejos como lo hizo Pedro? 

 

Escuchar de Jesús no es suficiente, pero si abrimos la puerta, no solo traerá oro, colirio y vestimentas, dice que cenará con nosotros pues quiere tener una relación cercana y restaurar todo lo que pudiera estar quebrado.

 

Jesús no quiere ser solo un invitado en tu vida, sino ser parte de tu día a día.

¿Seguirás escuchando que Jesús toca tu puerta?

o ¿Te levantarás para abrir y cenar con Él? 

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