Piedras en el camino

Piedras en el camino
Por Carolina Neira Campos

Quiero invitarte a recorrer un lugar que fue saqueado y solo quedaban piedras y escombros.

Cuando Nehemías se enteró que Jerusalén, la ciudad de sus padres, estaba totalmente destruida, se conmovió hasta las lágrimas y se propuso ir a reconstruir la ciudad.

Cuando llega allá comienza a organizar cuadrillas que pudieran levantar los muros de la ciudad, pero rápidamente llegaron sus vecinos no tan amables y comenzaron a burlarse de la obra.

No solo eso, las cuadrillas llevaban la mitad del trabajo, pero comenzaron a desanimarse porque veían muchos escombros alrededor. 

Bueno, de eso quiero hablarte hoy, de las piedras que nos rodean.

PIEDRAS QUE HUMILLAN

En primer lugar, hablemos de las piedras que nos humillan. Los enemigos de Nehemías decían: ¿Acaso con esas piedras calcinadas podrán levantar un muro? Se subirá un zorro y lo derribará. En cierta manera tenían razón, los incendios y saqueos que destruyeron la ciudad siete décadas antes habían dejado piedras quemadas por todos lados. Pero Nehemías estaba convencido de que se podían volver a usar. 

Si miramos nuestra vida encontraremos algunas de estas piedras. Piedras que nos humillan, que dan cuenta de las heridas que hemos sufrido, que continuamente traen a la memoria nuestro pasado. Por tal razón, nos sentimos avergonzados y no sabemos qué hacer con ellas. Son errores que hemos cometido o algún mal que otros han cometido en nuestra contra. 

Ante esto Dios te dice que no recuerdes las cosas antiguas ni consideres las cosas del pasado. (Isaías 43.18), pues si alguno está en Cristo, es nueva criatura; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5.17). Esas piedras serán reutilizadas en tu favor. Además, te recordarán que tu Padre ha venido a sanar tu aflicción y vendar tus heridas (Salmo 147.3). Las mirarás ya no con vergüenza, sino con esperanza. Permite que esas piedras tengan un nuevo uso.

PIEDRAS QUE ESTORBAN

En segundo lugar, observemos esas piedras que nos estorban. Las familias que estaban reconstruyendo el muro de la ciudad iban avanzando bien hasta que se dan cuenta que eran muchos los escombros que los rodeaban. Sí, toda la ciudad había sido arrasada, todo había sido reducido a escombros.

Los escombros son esas áreas rotas de nuestra vida que han quedado después de una batalla, pero que si no las quitamos nos impedirán seguir avanzando con facilidad y tropezaremos. Revisa tu corazón. Trae a tu memoria esas situaciones que hoy vuelven a frenarte y entorpecen tu camino. Tal vez, sea pecado que insistes en conservar. Quizás sean culpas que te condenan en cada paso que das.

Sin duda, el Padre no quiere vernos tropezar. Envió a Jesús para que seamos condonados de toda culpa y podamos vivir libres. Sin escombros, sin áreas rotas. El escritor del libro de Hebreos nos dice: …despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve… (Hebreos 12.1). No sigamos viviendo con una carga que no nos favorece ni nos pertenece. Estamos invitados a correr, a saltar y ser libres y de esa manera acercarnos con confianza a su trono de gracia, para alcanzar misericordia para el oportuno socorro (Hebreos 4.16). Date un tiempo para desechar los escombros.

PIEDRAS QUE EDIFICAN

Por último, te invito a ver tu propia vida. Pedro dijo que somos como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. (1 Pedro 2.5). Todo lo que eres, incluyendo tus experiencias sean buenas o malas, puedes usarlas para construir. Somos piedras que edifican. 

Cuando Jacob se encontró con el ángel y se dio cuenta que había estado con Dios mismo, tomó la piedra que había usado de almohada y la levantó como señal de adoración.  De la misma manera, tu vida puede ser una señal de adoración, puede ser una piedra levantada al cielo para reconocer lo que Dios es en ti.

Por otro lado, cada vez que sucedía algún milagro dentro del pueblo de Israel, los líderes llamaban a las familias a amontonar algunas piedras para testimoniar lo que había sucedido en ese lugar. Después, cuando alguien pregunte por qué están esas piedras allí, dirán, porque Dios hizo grandes milagros en nuestro favor. Tú eres un milagro. Dios ha hecho y seguirá haciendo muchas cosas maravillosas y sorprendentes en ti y a través de ti. Tu vida puede ser un testimonio del amor del Padre. Así podrás reconocer lo que Dios hace en ti.

¿Qué piedras están rodeando tu vida? ¿Algunas que te humillan? ¿Otras que te estorban?

Permite que Dios reutilice esas piedras calcinadas y les dé un nuevo fin, y quita todas aquellas piedras que te estorban, que solo te hacen tropezar y no avanzas. 

Sé una piedra de adoración y testimonio, y construye tu vida según el propósito que Dios tiene para ti.

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