La fragilidad de nuestro ser

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Por Carolina Neira Campos

Llega un momento de nuestras vidas, en el que creemos que hemos dejado atrás la fragilidad y que somos capaces de controlarlo todo. Que lo hemos vivido todo, que conocemos cada detalle y que nada nos impresiona. Es en esa oportunidad cuando algo empieza a crecer dentro nuestro y nos convence que podemos ajustarnos a nuestro propio criterio. Pero lo que no sabemos es que es precisamente en ese instante cuando nos envuelve la fragilidad.

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Nuestra cultura lejos de la fragilidad

En una cultura principalmente humanista, donde el ser humano domina y reina incluso sobre su misma especie, caemos en la tentación de considerarnos lo suficientemente fuertes como para tener el control de todo. Escuchamos frases como: “A mi edad, ya conozco eso”, “Ya he pasado por una situación así”, “Harto he estudiado y tengo conocimiento de sobra al respecto”. Nos confiamos en nuestra experiencia y en lo que hemos estudiado.

Solo mentiras

Muchas han sido las lágrimas que hemos tenido que derramar pues al término del día nos damos cuenta que hemos estado esforzándonos en vano, creyendo que todo está en nuestras fuerzas. Cuántos libros de autoayuda o tutoriales para sacar lo mejor de nosotros. Cuántas frustraciones hemos experimentado y terminamos reconociendo lo que nos han dicho desde tiempos inmemoriales: somos frágiles.

Qué dice la Biblia

Como nos basamos en la Biblia, traeré a colación varios versos que nos animan a no confiar en nuestras propias fuerzas, sino en el Único que puede hacer de nuestras vidas “una vida en abundancia”. Veamos cómo se expresa la fragilidad con palabras divinas:

Fragilidad

El hombre es semejante a un soplo; sus días son como una sombra que pasa. (Salmo 144.4).

Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. (Santiago 4.14)

He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo.  (Salmo 39.5)

El hombre, nacido de mujer, corto de días y lleno de turbaciones,… (Job 14.1)

Porque toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre. (1 Pedro 1.24-25)

Sensatez

Y el hombre tonto se hará inteligente cuando el pollino de un asno montés nazca hombre. (Job 11.12)

No sean sabios en su propia opinión. (Romanos 12.16)

Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno de vosotros se cree sabio según este mundo (1 Corintios 3.18)

Confía en el Señor de todo corazón,
y no en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él allanará tus sendas. (Proverbios 3.5-6)

Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre. (Salmo 118.8)

Descansemos en Dios

Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán. (Proverbios  16.3)

Por la mañana hazme saber de tu gran amor,
porque en ti he puesto mi confianza.
Señálame el camino que debo seguir,
porque a ti elevo mi alma. (Salmo 143.8) 

Encomienda al SEÑOR tu camino, confía en El, que El actuará (Salmo 37.5)

El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado. (Proverbios 28.26)

Así dice el SEÑOR: “Maldito el hombre que en el hombre confía, Y hace de su brazo su fortaleza, Y del SEÑOR se aparta su corazón… Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR, cuya confianza es el SEÑOR… (Jeremías 17.5-7)

En el año treinta y nueve de su reinado, Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad era grave, pero aun en su enfermedad no buscó al SEÑOR, sino a los médicos. (2 Crónicas 16.12)

Dejad de considerar al hombre, cuyo soplo de vida está en su nariz; pues ¿en qué ha de ser él estimado? (Isaías 2.22)

¡Ay de los hijos rebeldes–declara el SEÑOR– que ejecutan planes, pero no los míos, y hacen alianza, pero no según mi Espíritu, para añadir pecado sobre pecado! (Isaías 30.1)

Dios es fuerte Dios

¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda! En los caballos buscan apoyo, y confían en los carros porque son muchos, y en los jinetes porque son muy fuertes, pero no miran al Santo de Israel, ni buscan al SEÑOR… Pues los egipcios son hombres, y no Dios, y sus caballos son carne, y no espíritu; el SEÑOR, pues, extenderá su mano, y el que ayuda tropezará, y el que recibe ayuda caerá; todos ellos a una perecerán. (Isaías 31.1-3)

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en los momentos difíciles, por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar” (Salmo 46.1-2)

Con él está sólo un brazo de carne, pero con nosotros está el SEÑOR nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo confió en las palabras de Ezequías, rey de Judá. (2 Crónicas 32.8)

Al momento de tomar una decisión

Cuando debas tomar una decisión o vuelvas a creer en tus propias fuerzas, recuerda que hay Uno mayor a nosotros. Pablo reconoció su fragilidad y le bastó la fuerza que viene sólo de Dios (2 Corintios 12.9).

Seamos sabias y digamos como el salmista:

¡Aclamen con alegría al Señor, habitantes de toda la tierra!

Adoren al Señor con gozo 

Vengan ante él cantando con alegría.

Reconozcan que el Señor es Dios!

Él nos hizo, y le pertenecemos;
somos su pueblo, ovejas de su prado.
Entren por sus puertas con acción de gracias;
vayan a sus atrios con alabanza.
Denle gracias y alaben su nombre.
Pues el Señor es bueno.

Su amor inagotable permanece para siempre,  y su fidelidad continúa de generación en generación.

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