Ejemplo de dolor

Ejemplo de dolor

Ya vamos en el capítulo 18 de Juan. Recién Jesús había estado orando al Padre e intercediendo por nosotras, ¡qué maravilloso! Más aún cuando leemos que acostumbraba a hacerlo. ¿No es grandioso saber que Jesús oró por ti hace dos mil años atrás? Sabía que no podríamos solas y como ya vimos, sigue intercediendo por ti y por mí. Su amor por nosotras fue tan maravilloso que terminó siendo un ejemplo de dolor.

Pero se venían escenas indescriptibles, los dolores más fuertes, la traición y el abandono. Lo conmovedor de todo esto es que Jesús no tenía que salvarse de nada, no debía morir en la cruz ni pagar ninguna deuda. No era culpable de nada, aun así decidió ofrecer su vida por amor a nosotras. Cada paso que dio camino al Gólgota pronunciaba mi nombre y el tuyo.

El huerto de la gracia

Fue tomado como prisionero en el Huerto de Getsemaní porque en el Huerto del Edén hicimos mal las cosas. La rebeldía contra Dios lo hizo presentar un nuevo plan, uno que sea definitivo, uno que sea para siempre como dice el autor de Hebreos.

Dice Juan que cruzó el Valle del Cedrón sabiendo lo que se venía. Su agonía precedió incluso su captura. No solo era dolor físico sino sufrir la traición de su amigo, de su igual como lo nombra el salmista, quien lo entrega por 30 piezas de plata. Y, por su parte, su fiel compañero Pedro, que hace poco había prometido dar su vida si fuese necesario para impedir que Jesús muriera. Ahora estaba calentándose en un fogata, mirando a Jesús de lejos y negándolo tres veces, tal como lo había predicho Jesús. Todos se asustaron y se escondieron.

Cuando leemos las profecías que anticiparon este suceso 5 siglos antes o más, describen con exactitud lo que sucedería y ninguna nos deja la duda del gran sufrimiento por el que Jesús debió pasar.

Jesús atravesó el Valle del Cedrón para rescatar nuestro corazón y para que seamos libres. No se lo pedimos, lo hizo por el gran amor que nos tiene. No debía saldar ninguna deuda, nos reemplazó para que podamos estar cerca del Padre y sigue siendo nuestro intercesor mientras pasamos por momentos difíciles. 

Jesús ya conoce todo tipo de sufrimiento, lo vivió todo siendo persona y nos comprende muy bien cuando estamos pasando por algo parecido.

¿Quién más nos puede comprender como Él?

El profeta Isaías lo describe como hombre de dolores, experimentado en quebrantos. ¿A quién acudiremos cuando pasemos por una situación difícil?

Jesús, ejemplo de dolor, lo dio todo sin pedir nada a cambio. Solo espera que aceptemos su invitación y acudamos a Él para vivir nuestra vida. 

Amiga, hoy es tiempo de hacer tuya esa invitación, gracias al dolor de Jesús podemos estar cerca del Padre y eso, no solo nos hace hijas, sino princesas, su especial tesoro. 

Jesús sufrió para que tengamos paz. Recíbela.

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